Carlos Pozzan, amor y respeto por el mar

Written by Gran Blau on marzo 11th, 2016. Posted in Uncategorized

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Todavía no ha amanecido en Barcelona, las calles están desiertas. En cambio, ya hay trasiego en la lonja de la Barceloneta. Son las 6.15 de la mañana y una treintena de hombres esperan pacientes a que lleguen los primeros barcos con la pesca del día -por la mañana solo llega pescado azul, en cambio por la tarde el que traen los percadores es el blanco-, aunque hoy el mal tiempo hará que el mar no sea demasiado generoso; incluso a punto han estado de no salir a faenar por culpa del viento.

Entre esos compradores que esperan se encuentra Carlos Pozzan, de GranBlau. Su jornada hace algunas horas que ha comenzado; como cada día, desde hace ya muchos años, se ha levantado a esa hora en la que algunos todavía no han pasado por la cama. Sobre las 2.00 de la madrugada empieza su actividad en Mercabarna y sobre las 6.00 – 6.30 de la mañana, con información sobre cómo ha ido el mercado y la venta, baja al puerto, donde estará hasta media mañana, que será cuando vuelva a la oficina desde donde, según cuenta, le gusta ”controlar que todo salga bien y nuestro pescado llegue perfecto a destino.”
Explica que su trabajo, entre otras funciones “consiste en elegir y comprar el mejor pescado para los clientes de GranBlau, entre los que se encuentran restauradores de reconocido prestigio y hoteles; también compro producto para grandes grupos de distribución como son supermercados y mayoristas de otros mercados (Mercamadrid, Mercasevilla, Mercabilbao, etc.). Asimismo, para Portugal (Lisboa y Oporto), enviamos pescado a Italia (Milán y Génova) y Francia (el mercado de París), así como la costa de Marsella y la costa sur francesa en los meses de verano. En la lonja yo soy sus ojos”, comenta Pozzan.

 

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Cuidar al máximo los detalles para ofrecer lo mejor
Carlos lleva el oficio en la sangre; desde los 17 años su amor por el mar y el trabajo bien hecho lo han acompañado y ahora, que suma más de veinticuatro años dedicados a esto, asegura que no sabría hacer otra cosa. “Me he criado con esto y tuve a un buen maestro que fue mi padre”, cuenta orgulloso. Advierte que éste es un oficio que no se estudia, y la experiencia te la da el trabajo constante y el día a día, equivocarse y cometer errores y ver qué has hecho mal para poder corregirlo”, apunta Pozzan.

“Reconozco”, prosigue, “que soy muy maniático. No todo el mundo trabaja igual y para mí es importante cuidar todos los detalles para que el pescado llegue en las mejores condiciones”, comenta. “En mi caso, estoy comprando y al mismo tiempo estoy encima de los trabajadores mirando cómo arreglan el pescado, cuidando que lo pongan bien en las cajas de porexpan nuevas. No hay que echar mucha cantidad de hielo en invierno para no estropear el pescado, puesto que se puede chafar o incluso puede llegar a congelarse, hay que poner el hielo exacto y justo; y el agua tiene que estar fría…  Ellos ya saben cómo lo quiero”, dice con una sonrisa.

Explica emocionado que lo que más le gusta de su trabajo es que cada día es diferente. “Yo lo comparo con la bolsa. Por numerosas razones que no se pueden prever hace que fluctúe mucho, incluso en un mismo día, de partida a partida, todo puede cambiar.”

 

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Al preguntarle por el futuro afirma que lo único que desea es poder seguir haciendo lo que hace. “Seguir viviendo de este oficio, siempre respetando el mar para garantizar la sostenibilidad. Hay que profesionalizar este trabajo”, explica mientras mira al mar esperando la llegada de los barcos. Por fin llega la primera con las sardinas y boquerones, que los pescadores se apresuran en descargar. Es la venta de «cerco», que usa las redes para cercar a los bancos de peces, la que empieza a subastarse temprano para abastecer a todos los negocios y mercados por la mañana.

A pesar de reconocer de que se trata de un trabajo “muy duro y sacrificado y a veces es difícil compaginar con la vida familiar. La única manera de hacerlo es teniendo al lado a alguien que entienda tu trabajo”, como es su caso, Carlos reconoce que el día de mañana le gustaría que su hijo se dedicara a este oficio que él tanto ama, aunque puntualiza, “todavía es muy pequeño” para hablar de ello.

Profesionales como Carlos Pozzan son los que han convertido a GranBlau en un referente en el sector.  Esta empresa familiar -cinco generaciones dedicadas al pescado y al marisco la avalan- ofrece a diario el mejor producto fresco y de la máxima calidad.

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